El suelo del viñedo del Bierzo
se asienta sobre materiales del Mioceno recubiertos por una capa
del cuaternario. Son suelos de una pendiente compleja, en general
de ligeramente ondulada a ondulada. Su escorrentía media,
drenaje interno y rápida permeabilidad, hace que estos suelos
se consideren como bien drenados, favoreciendo el cultivo de la
vid al eliminar el agua sobrante de las notables precipitaciones
que tienen lugar en esta comarca.
La mayoría de suelos cultivados de viñedo se clasifican
dentro de los siguientes Ordenes; ALFISOLES, INCEPTISOLES Y ENTISOLES.
La textura de estos suelos es Franco Limosa, por lo que el agua
en exceso es retenida en las capas más profundas, favoreciendo
los aportes de agua a la vid en las épocas de mayores necesidades
hídricas. La consistencia en seco es ligeramente dura.

Los suelos son de regular pedregosidad y sin rocosidad, salvo
en algunas excepciones. El color en seco es pardo y en húmedo
pardo rojizo. Son suelos moderadamente ácidos, su pH está próximo
a 5,5, con ausencia de carbonatos, propio de climas húmedos.
Su bajo contenido en materia orgánica, próximo al
1%, los hace muy aptos para el cultivo de la vid, favoreciendo
la calidad frente a las grandes producciones por planta.

Mención especial reciben las laderas orientadas al sur y al
oeste de los suelos de alta montaña cultivados de viñedo.
Estos suelos, están constituidos por una mezcla de elementos
gruesos, cuarzitas, y pizarras, con un horizonte superficial muy
corto y pobre. En estas condiciones extremas, la vid es capaz de
producir en muy pequeñas cantidades, pero la calidad del fruto
es excepcional, encontrando en los vinos elaborados aromas primarios
compuestos por el carácter varietal de la mencía, y
los tonos minerales y pizarrosos procedentes del terruño.
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